¿Dejaré de ser lo que soy?....Llevo casi 40 años dedicándome a la docencia de distintas formas, desde voluntariado, asociaciones, grupos de tiempo libre, ....y como profesor de instituto. Algo que ha venido llenado mis días, completando mis proyectos, haciéndome ser lo que soy. Mi auténtica vocación durante este tiempo.
Nuestro trabajo es nuestra relación con el mundo, es la manera de "estar en la realidad", con configura, nos hace, nos proyecta. El día a día se convierte en impartir clases, y preparar clases, revisar apuntes, leer para transmitir....."esto les gustará a mis alumnos", "aquello lo podré introducir en este tema"....leer, ver, vivir se convierte en un preparar para transmitir....parece que todo está focalizado hacia ese fin que era el que me completaba, me hacía ser yo.
Hace unos años esto se ha ido haciendo más difícil ¿la razón? Me siento cada día más distante de los alumnos de hoy, siento que ya no les llego, no empatizo con su mundo con sus intereses. Y en un profesor de secundaria, rodeado de adolescentes esto va creando un muro que hace muy difícil dar clases. Ya no es aquel entusiasmo de leer, ver, oír lo que ellos veían u oían, sino una apatía que me distancia más y más...para no mostrar ningún interés por el otro.
Quizás a otros les sirva, y puedan vivir en esa distancia. Impartir el temario, completar objetivos, seguir la programación, corregir pruebas....para mí todo esto sin el entusiasmo de intentar empatizar con el otro se vuelve tedioso, duro, insoportable. Es hablar a un muro, no creer en lo que dices, o que lo que dices llegue. Frente a una pared infranqueable en el que tus palabras van rebotando. Empiezas a sentir que tu trabajo no es transformador, no tiene una utilidad social. Incluso ya no llegas a creer en él ¿Para qué?
Entonces comienzas a ser consciente de que en lugar de transformar se convierte en pernicioso para el otro, porque ya no crees en lo que dices, no hay pasión...sólo el rutilante pasar de las horas que van completando días, semanas y evaluaciones.
Quizás podría haber completado cinco o siete años más, ya hay otros que lo hacen. Pero soy un privilegiado, he tenido la suerte de que hasta ahora pueda abandonar la tiza con 60 años. Puedo volver a comenzar de nuevo, me puedo plantear nuevos retos, tener otra vida.
Otra vida en que los años no van a más sino a menos, en que cada vez veré más mermadas mis capacidades, mis sueños, en lo que todo ira decayendo y apagándose... En este camino que es la vida ya otros que compartían camino han caído. Tengo amigos, muy amigos, que han muerto. Otros ya han pasado por hospitales, infartos, ictus, divorcios....las balas van pasando cada vez más cerca. Y como siempre un sentimiento de verme privilegiado, dar gracias a la vida porque puedo disfrutar y vivir.
Este septiembre del 23 comienzo un nuevo tiempo, una nueva vida. No puedo hacer un cambio radical, no lo quiero. Pero tengo que aprender a vivir de otra manera, lo que ha llenado estos últimos 40 años hay que darle una vuelta, enfocarlo de otra manera. Quizás también porque aquel antiguo objetivo ya no me es compatible, no me gusta...la docencia, las clases, los adolescentes....Tengo que cambiar el foco, los objetivos.
Esto no quiere decir que ya no tengo objetivos, o que me tengo que plantear de cero todo mi día. Los que me conocen saben que quizás no tenga tiempo para desarrollar todo lo que tengo en cartera. Pero necesito otro enfoque, otro tiempo, otra manera de abordar la realidad. Tampoco necesito hacer un camino interior de búsqueda, o de reafirmación. Ya estoy muy reafirmadito y tengo muchos los temas vitales muy claros.
Algunos emprenden un viaje para buscar, para mirar en las profundidades de su vida. Mi viaje tiene como objetivo la ruptura con la dinámica anterior, con entrar en otro tiempo. El viaje debe ser monótono, largo, quizás tedioso, a veces aburrido, porque hay que romper con lo anterior, entrar en una nueva dinámica.
Romper con el desayunar, ir al instituto, dar clase, recreo, pincho de tortilla, más clases....."siéntate", "atiende", reproducir contenidos....más "siéntate", "silencio por favor"...volver casa, comer.....preparar clases, corregir....esa dinámica ahora a finales de agosto (cuando estoy escribiendo estas líneas) siento que se reproduce....mi estómago me está avisando de que en pocos días comenzaran las clases, tendré nuevos alumnos, volveré a explicar los temas de siempre, volveré a conocer a nuevos adolescentes....y no es una sensación agradable.
Y para romper con ese tiempo es necesario empezar otro, otra dinámica. Una dinámica de días que rompa con la anterior. Es el afán del viajero que deja su casa para empezar una nueva vida, que busca otro país, un nuevo espacio, y que recorrerá viejas y nuevas sendas buscando sin miedo las distancias, sin prejuicios de gentes y lugares.
Ese viaje lo haré en bicicleta, saldré de casa y poco a poco...sin prisas, y si los hados (tiempo, fuerzas, lesiones...) me son favorables llegaré a Delfos.
¿Por qué Delfos?.....Porque está a cuatro mil quilómetros, más de dos meses de viaje....y porque es un sitio especial. He estado allí tres veces...y siempre he sentido la fuerza de sus ruinas, la magia de su paisaje, el peso de su historia. Incluso Zeus estableció que era en ombligo del mundo....un buen lugar para buscar los orígenes. El monte Parnaso, la patria de las musas, parece ideal para buscar la inspiración de un nuevo tiempo, y para rezar a las musas para que me sean propicias en estos últimos senderos que voy a recorrer.
¿Por qué en bicicleta? Porque me encanta la bici. Llevo años recorriendo sendas, caminos, haciendo viajes con ella....y es ideal para viajar. No recorre distancias tan cortas como el caminar, hace que en el viaje puedas conocer distintos paisajes en un mismo día....a una velocidad que te permite sentir donde estás, sin prisas, al ritmo de los sentidos.
A una media de 70 kilómetros serán dos meses de levantarse al alba en la tienda de campaña, preparar café, levantar la acampada, pedalear, comer, pedalear, comer, volver a pedalear, preparar la acampada al anochecer, cocinar la cena....una dinámica de 60 días y 60 noches...cada día en un sitio diferente, con gente diferente y caminos diferentes....sólo el camino importa, ¿diez, doce horas al día pedaleando?