San Salvo—Apricena
Pasando por Termoli.
Termoli: una fortaleza en medio de la costa. Hasta ahora todas las ciudades y pueblos iban entrelazados, parecía que un invisible hiló los fuera uniendo. Pero Termoli aparece aislado de San Salvo, en la costa sin continuidad. Y hacia Apricena tampono. Intenté buscar una alternativa a la costa por Lesina, pero fueron esfuerzos vanos. Lesina frente a una laguna interior que la proyecta al mar, pero sólo es un lago plano, sin ningún aliento. Recorrí una plataforma que nace de la plaza hacia su mar, no es para contemplar el lago sino para contemplar el mismo pueblo desde la laguna. Es un pueblo hundido en una marisma, sin posibilidad de mirarse, ofrece al espectador poder alejarse hacia el mar para abrirse a sus ojos. Otro punto de vista. “No estaba tan hundido, tiene su encanto”.
No algo muy distinto de lo que pretendo hacer, buscarme otra perspectiva para verme desde otro ángulo. No cambio, cambia mi manera de verme. Para muchos cada uno de nosotros somos lo que somos, no cambiamos; por muchos pedales que demos siempre seremos los mismos; para otros los pedales nos cambian porque estamos de otra manera, ocupamos otro espacio y eso nos hace ser diferentes. También porque los otros nos ven en otro sitio, de otra forma, y la mirada de los otros es la que nos hace ser lo que somos.
Este es un viaje de perspectivas, de luces que vienen y van, de paisajes que pasan. De los que saludamos y sólo compartiremos con ellos ese instante. La compañía del mar o el río que nos siguen sin saber que estamos junto a ellos, no nos sienten. Sentimos nosotros su presencia, extraños compañeros de viaje. La soledad en el camino, en el que haces extraños compañeros: La penumbra de las mañanas, con el sol del medio día y la oscuridad que crece al anochecer, un fluir que marca el sendero. Un tiempo que haces tuyo y te acompaña.
Soledad con la bici que pasa a tomar conciencia contigo, que haces compañera. No l a hablas pero la sientes, la escucho. Cada gesto tiene su cadencia y su rumor, la oyes. Sientes que algo roza, que algo emite un mero susurro y paras, observas, le preguntas. “Hay que limpiar y engrasar ”, mirar los pedales, revisar los bujes…..ha cogido orgura…Compañía que comparte tu viaje.
Maneras de mirarnos que nos hacen. El río caudaloso, el mar plácido, las choperas desordenadas, las sendas entrecortadas. Al final del día me siento construido por el camino: paisaje, bici, río, mar, senda, requiebro. Sin ellos no sería. Entrañables compañías que abren y nos cambian de perspectiva.