lunes, 30 de octubre de 2023

40. Extrañas compañías.

















San Salvo—Apricena

Pasando por Termoli.


Termoli: una fortaleza en medio de la costa. Hasta ahora todas las ciudades y pueblos iban entrelazados, parecía que un invisible hiló los fuera uniendo. Pero Termoli aparece aislado de San Salvo, en la costa sin continuidad. Y hacia Apricena tampono. Intenté buscar una alternativa a la costa por Lesina, pero fueron esfuerzos vanos. Lesina frente a una laguna interior que la proyecta al mar, pero sólo es un lago plano, sin ningún aliento. Recorrí una plataforma que nace de la plaza hacia su mar, no es para contemplar el lago sino para contemplar el mismo pueblo desde la laguna. Es un pueblo hundido en una marisma, sin posibilidad de mirarse, ofrece al espectador poder alejarse hacia el mar para abrirse a sus ojos. Otro punto de vista. “No estaba tan hundido, tiene su encanto”.


No algo muy distinto de lo que pretendo hacer, buscarme otra perspectiva para verme desde otro ángulo. No cambio, cambia mi manera de verme. Para muchos cada uno de nosotros somos lo que somos, no cambiamos; por muchos pedales que demos siempre seremos los mismos; para otros los pedales nos cambian porque estamos de otra manera, ocupamos otro espacio y eso nos hace ser diferentes. También porque los otros nos ven en otro sitio, de otra forma, y la mirada de los otros es la que nos hace ser lo que somos.


 Este es un  viaje de perspectivas, de luces que vienen y van, de paisajes que pasan. De los que saludamos y sólo compartiremos con ellos ese instante. La compañía del mar o el río que nos siguen sin saber que estamos junto a ellos, no nos sienten. Sentimos nosotros su presencia, extraños compañeros de viaje. La soledad en el camino, en el que haces extraños compañeros: La penumbra de las mañanas, con el sol del medio día y la oscuridad que crece al anochecer, un fluir que marca el sendero. Un tiempo que haces tuyo y te acompaña.


Soledad con la bici que pasa a tomar conciencia contigo, que haces compañera. No l a hablas pero la sientes, la escucho. Cada gesto tiene su cadencia y su rumor, la oyes. Sientes que algo roza, que algo emite un mero susurro y paras, observas, le preguntas. “Hay que limpiar y engrasar ”, mirar los pedales, revisar los bujes…..ha cogido orgura…Compañía que comparte tu viaje.


Maneras de mirarnos que nos hacen. El río caudaloso, el mar plácido, las choperas desordenadas, las sendas entrecortadas. Al final del día me siento construido por el camino: paisaje, bici, río, mar, senda, requiebro. Sin ellos no sería. Entrañables compañías que abren y nos cambian de perspectiva.

domingo, 29 de octubre de 2023

Día 39. ¿ Qué mesa prefiere?



















Pesara - San Salvo


Circular en temporada baja tiene sus ventajas. A pesar de que encontrar un sitio donde tomar un café o comer, a veces, se hace desesperante porque no encuentras nada abierto, siempre aparece la sorpresa que normalmente tiene que ver con restaurantes locales, con clientela del lugar. Es lo que tiene viajar en temporada vacía. Siempre hay sitio, y eliges mesa, “no problema”

 

Esporádicamente aparece esa pizzería abierta, o una pastelería-panadería. Son los que pretenden sobrevivir en invierno, los que se aferran a la clientela  local. Muchas familias, los padres están en la cocina y son los hijos los que atienden. No son restaurantes con pretensiones, guardan ese sabor antiguo, descuidado, de estar por casa.


Entre las mesas del comedor, a veces,  hay una atiborrada de papeles, desordenada, incluso con un ordenador y la bacaladera (perdón hoy son TPV). La mesa con montoncitos de papeles…facturas, pedidos. El centro de gestión y planificación. Allí suman con lápiz y llevadas, pasas la tarjeta y siempre, en Italia es siempre, te dan el justificante y la factura. Si hay una de estas mesas la comida será un éxito…y también la cuenta. Suelo comer un plato y café por 12€. Intento que sean guisotes con carne y verdura, y siempre acompañados con pasta, infinitos tipos de pasta, o los mismos pero con sabores diferentes.


El sabor de la familia, de la conversación, de los que preguntan de dónde vienes y a dónde vas. De los que al final se sientan en tu mesa y compartes la copa de vino. De la explicación sobre los ingredientes del guiso, de cómo lo han preparado, de los tomates y el cilantro que acompañan a la ensalada. Todo se vuelve cotidiano, y entras en esa espiral familiar que se cierra con el licor que hace de despedida y un “hasta pronto”. 

sábado, 28 de octubre de 2023

Día 38. El paseo ideal.

















Pedaso-Pescara



¿Y si todo fuese un carril perfecto,  con un firme esplendido, bien indicado, ajardinado, junto a un mar esmeralda, limpio,  con las olas acariciando la orilla y solos, sin que nadie rompa esa magia?


Ese carril bici existe, y está en este tramo, y también en la siguiente jornada. Pedaleas junto al mar en llano, rodeado de árboles y jardines, con casas de principio de siglo, arregladas, recién pintadas, con otros ciclistas y familias que aparecen esporádicamente.  


Si en un principio te reconforta…poco a poco te satura. Rehuimos de lo predecible, de lo ya supuesto y asumido. Necesitamos, lo nuevo, lo impredecible. Nuevas experiencias, diferentes. Lo perfecto se hace monótono y en un viaje buscas lo desconocido,  enfrentarte a nuevas situaciones, buscar soluciones, improvisar.


Este recorrido es perfecto para “familia con niños”. Resulta demasiado fácil. Demasiado bucólico. La dificultad en mi caso sean los 2.500 kilómetros que llevo y el cansancio que se empieza a notar. Tampoco tiene sentido aumentar la velocidad o los tramos recorridos, al día hago sobre 80 km. Aún no me he roto.


El ritmo es lento, sin prisas, intento disfrutar, vivirlo como un privilegio: la fortuna me está cuidando, no me han aparecido lesiones y el tiempo está siendo magnífico. Pedalear sintiéndote privilegiado, y consciente de esta situación te lleva a un lugar diferente, porque a tu alrededor no todos tienen la misma suerte. Consciente, miras más allá, en los invisibles: el gesto de crispación, hartazgo, tristeza,…la dificultad física. Descubrir la herida en el otro. De los que ese destino coloca en tu mirada y que están lejos de ti y del camino, su vida los lleva lejos de estos plácidos paseos. 


Otra de las ventajas de la bici “sin prisas” es que pareces acompañar a muchos. Los otros que ves durante más de un minuto. No es el ritmo del coche que hace invisible lo que está más allá del salpicadero, ni del que camina que hace compañeros durante tramos largos. 


Acompañas al abuelo y al nieto, sientes los gestos y su atención. A la señora que discute desairada, los movimientos de las manos, las Interlocuciones que comparte. Las pealadas acompasadas de grupos que hablan y ríen. El gesto ceñudo del competidor, pendiente de sus pulsaciones y mantener el ritmo programado. Las giros inesperados de niños que atienden a todo lo que aparece. El paso lento y constante del viejo que contempla el horizonte, y siente el arrullo del sol. 




viernes, 27 de octubre de 2023

Día 37. Surcos labrados y olas turquesas










Ancona-Pedasso 


Las salidas de las grandes ciudades siempre son complicadas. Arcona no ha sido una excepción. Cruces, semáforos, indicaciones mal interpretadas, vueltas a tras, desasosiego, inseguridad, tensión. Al final sales. Ves el horizonte limpio otra vez, el campo sin bloques de cemento sucios. Ya vuelve a ser todo posible.


La ruta nos lleva hacia el interior, unas montañas y acantilados me impiden ir junto a la costa. suaves colinas miran al mar. Si estos días el camino era plano ahora subo y bajo en un jardín de líneas y ángulos que se entremezclan, rectas de olivos que se confunden con las viñas altas y emparradas. Junto al mar hay campos de cereal ya labrados, las líneas de los surcos, de una tierra oscura, se confunden con las olas del mar turquesa.


Camino al sur, descendiendo el Adriático se van acortando los días….y empiezo a ser consciente de que mi camino llega a Atenas. Ya no parece tan lejano…se pueden contar los días que faltan. Hasta ahora no había sido muy consciente. El día a día del viaje ha llenado todo, desde el alba hasta la noche. Un devenir pausado, sereno que me ha apartado de lo cotidiano construido en estos años. En el pedalear diario todo lo anterior se ha difuminado, se pierde.


Y justo cuando eres consciente del final, aparece el pasado, engranajes desconocidos lo buscan para darlo continuidad,  enlazar. El problema surge cuando el objetivo era romper la cotidianidad, romper con aquellos odres viejos, ya cansados y desgastados y volver con odres nuevos, vacíos, sin marcas, limpios,nuevos.

jueves, 26 de octubre de 2023

Día 36. Y se abre la línea del horizonte.

Pesaro-Ancona



Pesaro es una ciudad de casas pequeñas ajardinadas, coquetas, sencillas 

, con un centro en una gran plaza cuadrada, y la casa donde nació Rossini. Un teatro, sala de conciertos, conjuntos escultóricos que recuerdan al compositor. En cambio Ancona es fuerte, poderosa. El perfil de lejos de la ciudad son los ferrys dibujados en el entorno de su castillo, su catedral. Todo es grande, poderoso, monumental. La avenida Garibaldi que sube desde el puerto a la plaza central es magnífica, como las grandes capitales europeas. Las ciudades están esculpidas por la fuerza de sus ciudadanos. Ancona es magnifica, Pesaro acogedor.



Los chiringuitos han ido desapareciendo y se ha abierto la orilla, el sonido de las olas, la brisa. El Adriático es un mar pacifico, plano, lineal. Tendrá sus días, pero en estos es una línea en el horizonte. La orilla ha traído a sus paseantes, a viejecitos tomando el sol, a ritmos tranquilos, amigables. Parece que el intento de urbanizar y civilizar nos aleja de la vida. 


Pero también contradictorias. Las ciudades, sus centros, donde bullimos, estamos, vivimos. Urbanizada, civilizada. La playa donde sentimos, paseamos,  nos bañamos, huye de la civilización. Hacia afuera, Con los otros nos civilizamos. Hacia dentro, solos, contemplamos. La. Ciudad hacia el mar, hacia el comercio: magnífica. La ciudad hacia dentro, hacia la música: acogedora.


Espacios amigables donde es posible el encuentro y la conversación distendida. El arado y la espada son para los jóvenes, las canas piden tapias soleadas donde ver crecer el huerto en el susurro de vientos propicios. Contemplar lo que nos acontece dentro del cuerpo que comenzará a languidecer y fuera para retener los últimos paisajes.

miércoles, 25 de octubre de 2023

Día 35. Otros paseos marítimos















Cervina~Pesaro


Los 70 kilómetros de la ruta de hoy los he hecho junto el mar, y completamente diferente a lo que había visto en la parte italiana del Mediterráneo. La línea de la playa, todo es playa, está copada por chiringuitos con derecho a la playa que tiene delante. Por lo que lo máximo que puedes acercarte es a la trasera de los “chiringos” . Los chiringuitos están llenos de juegos infantiles, canchas de vóley playa, casetas para cambiarse (como aquellas decimonónicas), y todo tipo de artilugios para interesar ser elegido por los veraneantes. Detrás de esa línea, sin límite cientos de hoteles, chalets, segundas viviendas….es como si estuviera todo amontonado, sin orden, colocados al azar. Algunos abandonados, muchos sin mantenimiento, muy pocos cuidados. Desolador. Me ha generado cierta repulsión.  70 kilómetros continuos urbanizados. Lo que debe ser esto en verano!


Hacia Rimini ha ido mejorado el panorama. La primera línea aparecía despejada, y un paseo marítimo con un carril bici  ha ido apareciendo. Un carril con buena jardinería, con árboles, cuidado. Es posible la esperanza.   Los coches relegados, sólo peatones y bicis. En los hoteles abiertos, parques de bicis. Y muy atrás aparcamientos enormes para coches (por supuesto techados y cercados)


Junto a estas aberraciones construidas junto al mar no veo a mayores paseando, ni disfrutando del sol de la playa.  La playa está cerrada, oculta entre atracciones recogidas, empaquetadas para el invierno. Y como previsión ante los temporales de invierno hay levantado un muro de arena que protege las instalaciones frente a las olas. Palas escabadoras arrastran la arena de la orilla y la amontonan. La orilla, ese lugar mágico abierto a todos, y de todos está rasgado, roto.


Me dicen que a la gente le gusta ir a la playa y tener su espacio,  no tener que pelearse por su parcela de arena. Este sistema les garantiza ese espacio, además de vestuarios, duchas, comida, bebida…todo a mano. El precio de cada parcela marca su calidad, y también el perfil de sus usuarios. Parece que es importante no mezclarse.



martes, 24 de octubre de 2023

Día 34. Sobre un antiguo bosque.

Ravenna— Cervia 



Pasar por Ravenna es recordar a Dante. La ciudad donde nació y está enterrado.  El delta del Po,ha sido una sorpresa. A lo largo de estos días no he dejado ver pueblecitos con el nombre “Bosco” incluso vainas ermitas con esa topónimo. Cuando lo que veo a mi alrededor eran campos llanos de cultivo trabajados con decenas de vertientes de tractores, increíble lo versátiles y variados que hay. Ese ha sido otra de las distracciones de estos días por el valle:  ver trabajar a todo tipo de artilugios con los gachos más variopintos. No ha sido pocas las veces las que me he parado intentando adivinar que estaba haciendo. 


Los hangares en los campos…no los llamo naves agrícolas como en mi tierra. Están repletos de todo tipo de vertederas, moto cultivadores, sembradoras…y tractores de distintos tamaños. Y no está solo el coche del propietario…sino que hay varios operarios en cada explotación . Lástima que lo he visto en octubre cuando no hay nada crecido.


He tenido la suerte de pedalear por un autentico “Bosco”, en el delta del Po. Un bosque de robles, pinos, encinas, con un sotobosque lleno de plantas y maleza, y repletos de animales: nutrias, ardillas, algún zorro, una culebrilla que he estado a punto de pisar y un ciervo con una osamenta enorme. He pedaleado por un sendero enmarañado lleno de charcas, pequeñas lagunas que aparecían aquí y allí. Una delicia. 


Seguro que en tiempos de Dante este valle no estaría tan “industrializado” y habría muchos bosques que aún permanecían intactos.  En el siglo XIX con la bandera del progreso se drenó todo el valle, llenándolo de canales y aliviaderos para secarlo, y poderlo cultivar. Hoy aún siguen en esta tarea, tienen que estar revisando y limpiando los canales para que no se les “apodere” la maleza, es una de las tareas más recurrentes que he visto estos días. Junto a algunas lagunas antiguas estructuras de pescadores.


La ruta de hoy ha sido campestre, con los dos paisajes antagónicos, el que es hoy: limpio, industrializado y plano, esterilizado de lo que no es el cultivo que están plantando; y el bosque primigenio, lleno de vida y sin ningún tipo de planificación.


Y sin querer, me ha venido la comparación de lo que fui y de lo que soy.  Me he pasado toda mi vida disciplinando ese campo silvestre que había en mi. Lo he organizado, preparado, cultivado y algún fruto ha dado. Quizás sea el momento de dejar que vuelvan a crecer las hierbas silvestres que me he esforzado en arrasar todos estos años. El problema es como dejo que vuelvan a brotar.  Este viaje busca airearlo para que vuelvan a germinar. 


lunes, 23 de octubre de 2023

Día 33. Cotilleando al prójimo.


Ferrara-Ravena.


Día curioso por el paisaje, por las casa que he ido “visitando”.  Si, visitando, porque cuando hay muchas casas unifamiliares, o chalets por el recorrido, te vas fijando continuamente cómo tienen el jardín, si están mantenidas o no, qué árboles tiene plantados. El ritmo de la bici te permite ir contemplando por donde vas pasando, y en una zona de casitas dispersas como hoy es inevitable. 


Cuando hicimos el Rin con la familia, una de mis hijas decía que pasar por los pueblos era como hojear una revista de decoración. Por Alemania, las ventanas no tienen cortinas y desde fuera se ve toda la casa. Aquí en Italia es diferente, las casas están cerradas a cal y canto, todas las ventanas aunque adivines que hay personas dentro, están cerradas. Incluso en las ciudades en lugar de utilizar toldos para el sol, utilizan unos cortinones en el balcón que oscurece y tapan.


Otro escenario son los jardines frente a las casas. Antes de llegar a Mantua, en la parte superior del valle del Po, estaban descuidados, desordenados, como si no importara mucho, simplemente se utilizaban para aparcar el coche. Este último tramo se nota que están organizados con cariño, con dedicación. Pero en ninguna parte he visto alguien en el jardín, quizás por eso, no hay setos, ni tapias ni parapetos que los oculten. Después de 500 kilómetros recorridos por pueblecitos, carreteras secundarias, llenas de chalets, no he visto nadie en el jardín, y eso que he pasado todos los días de la semana. Tampoco sábados y domingos.


Parece que viven para dentro, cerrados en sus casas. Incluso los festivos. Sábados y domingos me he visto comiendo sólo en la plaza del pueblo, con el camarero pesaroso por no poder marchar. Un festivo al mediodía el pueblo como un desierto. La única hora que encuentro gente en tiendas y plazas son los días de labor de 9 a 12 en ciudades o pueblos grandes, que es lo que veía los primeros días al pasar de Francia.

Por Francia las nuevas casas que se hacen tienen enormes ventanales al jardín,  especialmente en los pueblos, por el valle del Po no. Mantienen la misma estructura y espacios que las antiguas. Ventanas pequeñas y celosías cerradas. En cada pueblo francés un centro de bricolaje y jardinería. Aquí apenas he visto.


Cuando comento esto con los italianos me dicen que son muy familiares, apenas salen. Para un viajero español que no pasa por lugares turísticos es algo que te rompe los esquemas. Qué diferente de nuestra España!

domingo, 22 de octubre de 2023

Día 32. Sobrevolando la rivera.

 

Desde Mantua a Ferrara

Mantua sobrecoge (aunque decir esto en Italia no sé si tiene mucho sentido) La catedral es soberbia. Un espectáculo la decoración de techos y paredes. Lástima que con la bici no se puedan visitar monumentos. Con la bici viajas, pero no la puedes “dejar”. En ella está todo, es muy muy vulnerable, hay que estar pegadito. Si te la robaran, y es muy fácil, ahí acabaría tu viaje. Somos vulnerables para los ladrones y ante cualquier vehículo a motor. Es nuestro sino.

Cuando quiero visitar una iglesia, asomarme a algún edificio, o comprar en un supermercado tengo que pedir el favor: ¿me la vigilas un momento? Y no es fácil encontrar a alguien y buscar un lugar seguro para dejarla. Claro, el vigilante y el “lugar” tienen que estar juntos. Normalmente tomo un café en una terraza y a alguno de los que están en las mesas colindantes les pido el favor. No todo el mundo acepta, es asumir una responsabilidad que no tienen que aceptarla.

La visita es rápida, entrar y salir, y siempre con la duda si la reencontrarás. Esta sensación también se da en los campings donde duermo. Tengo que echarle una lazada con un cable de acero con llave. No puede ser muy pesado, lo que equivale a vulnerable. Si quiero visitar alguna ciudad lo que hago es buscar un hotel por el centro, llegar al medio día y dedicar la tarde a visitar, pero estos horarios tan europeos hacen que tenga poco tiempo. 

Es una dimensión nueva esto de priorizar el viajar como un proceso de movimiento, de desplazarte, en lugar de “visitar”, entrar, indagar. Viajar en bici es más contemplativo pero no sobre objetos únicos, sino sobre el paisaje. No observas de manera estática sino de manera dinámica, el objeto va cambiando porque tu perspectiva en movimiento lo va observando desde distintos ángulos, el desplazamiento lo va transformando. Las perspectivas van transformando lo que ves. En ese juego de perspectivas paso todo el día, aquel árbol a lo lejos deja de estar sólo, ahora está rodeado de casas, de cultivos, no es el mismo; aquel bosque deja de ser una maraña de troncos y en un instante aparecen rectos, alineados, convergen en filas hasta que se pierden enmarañados.

El río Po desde Mantua toma unas dimensiones colosales, más de cien metros de cauce, y una velocidad de las aguas nada dulces. Arrastra ramas, troncos, espuma, y con velocidad. Es hipnótico ver como troncos grandes se desplazan sumergiéndose y volviendo a aparecer. Parece que un niño, con unas manitas invisibles jugara con ellos. No me extraña que los antiguos divinizaran estas fuerzas caprichosas. Tal como es  la fuerza del río deben ser devastadoras sus crecidas.  Junto al río hay dos murallas enormes de más de veinte metros, son los diques que acompañan su cauce. Y justo por encima discurre la ciclovía. 

Pedalear por el dique equivale a sobrevolar pueblos, campos, bosques y el mismo rio. Ves los tejados y los porches de las casas; las torres, las cúpulas y las iglesias; la parcela de viñedos y al operario que fumiga; el río en su extensión, y el trocó que juega con los remolinos. Primero ves el conjunto, después el detalle, como los aviadores. Al revés de lo que nos sucede cuando miramos desde el suelo. El detalle aparece en esta perspectiva al final. Curioso juego de matices.El recorrido es largo…más de 50 kilómetros pedaleando por las alturas.


sábado, 21 de octubre de 2023

Día 31. Discutiendo con la máquina.



 

De Piasenza a Mantua, pasando por Cremona.

Es sábado, según mis planes era perfecto para madrugar y hacer kilómetros. El objetivo 95, al final 110. En Italia había pasado un sábado en Turin, pero no en una zona rural. No es que hubiera menos tráfico, no había nadie por la carretera. Salvo Cremona, que si se nota el día de mercado. En el resto de los pueblos casi tan herméticos como los franceses.Nadie.

Ningún camión o furgoneta de reparto. Tampoco nadie en los jardines de las casas. Ningún operario trabajando de lo que sea. Nadie. Una sensación extraña porque uno viene de donde viene y los sábados es un día de movimiento, de bullicio. Tampoco en un gran supermercado en las afueras de Cremona, en la cola un migrante y yo, que no sé si lo soy.

Muchos kilómetros para ver campos segados, y canales. Nutrias saltando en los zarzales, ratas aplastadas en las carreteras. Incluso he arrollado a una. Me he asustado yo más. Pedaleas y observas, no se hace monótono, el tiempo corre deprisa mientras vas desgranando kilómetros. Voy pendiente del track, es fácil pasarse un cruce. También el Google Maps para improvisar alternativas. El camino no está marcado de antemano, lo voy tejiendo. 

Es curioso esto de la inteligencia artificial. Maps ya sabe mis preferencias, evita las sendas, los caminos poco frecuentados, cada vez sabe más de mí, es fascinante como aprende. Lo siento como compañero: 

- ¿pero por donde me metes? ¡Éste no!

 Al final de la tarde, cuando las piernas están cargadas ignoró sus propuestas. Busco la ruta más corta, aunque sea la más transitada. Él evita las nacionales, me mete por comarcales, locales o caminos. Entiendo que tenga a fuego las reglas que Asimov impuso a las máquinas: “proteger a los humanos”.

Al final interactuando con la máquina. Es enternecedor. La distopía del explorador solitario que solo tiene por compañía a un androide.

viernes, 20 de octubre de 2023

Día 30. Llueve y llueve.



Pavía-Piasencia.

 Después de 30 días dando pedales este ha sido mi primer día de lluvia. Acorto la etapa para exponerme menos a la lluvia. Chaparrones que vienen y van, imprevisibles. Me pongo todo lo que traía para los días de lluvia y aún no había usado. La etapa es llana, cómoda, con buen firme. Y sin viento. Pero al acortarla han surgido las complicaciones, es difícil no seguir un camino marcado y explorar en cada cruce por dónde tienes que ir. 

Al dejar al navegador que sugiera la ruta no sabes con qué tipo de carretera, camino o sendero te encontraras. También porque dependiendo de lo que vas encontrando cambias e improvisas.  Y hoy con todo embarrado esta diferencia es crucial. He acortado ruta, y no serán los ochenta kilómetros que marca el track inicial sino que tomando atajos dejaremos esos meandros infinitos que acompañan al río. La alternativa son caminos entre frutales y olmos, senderos de piedra y asfalto roto. Mientras la lluvia martillea el casco. Poco a poco vas sintiendo la humedad en cada parte de tu cuerpo, y eso que voy embutido en el traje de agua. 

El recorrido en una neblina que lo abarca y oculta todo pasa a ser plácido mientras llueve poco, o en esos intervalos que deja de hacerlo, pero pasas a ser agobiante cuando cae inmisericorde. Otro compañero de viaje impredecible que se te va haciendo cotidiano.

Una experiencia nueva, la compañía persistente de la lluvia, pero no desde un cristal, ni dentro del coche, sino compañía que se va haciendo presente en cada parte de tu cuerpo, sin previsiones de que puedas abandonarla. ¿Cuántas veces he leído en relatos históricos sobre aquellas legiones que se adentraban en las galias con el sonido permanente del agua en las armaduras? ¿o aquellos españoles que recorrían la Amazonia en días sin ver el sol y con la sola compañía de la lluvia y la selva que los envolvía?

Leerlo, incluso presenciarlo desde una pantalla, tiene un grado de realidad, que se sobrepasa cuando eres tú el que vas acompañado de su crepitar. Pocas veces he estado debajo de las nubes sintiendo que me faltan horas para guarecerme, que la jornada consistirá en sentir cómo se empapa el rostro humedeciéndome los labios. Horas de camino sin refugio. 

Mi camino tiene término, veo como voy restando kilómetros, calculo el tiempo en el que llegaré al refugio, a la habitación caliente, a la ducha. Es un destino seguro, llegaré.

Paro en una ermita, frente a una panadería. Huele a pan recién hecho. El sonido del agua que cae de los canalones y el olor a pan caliente es una mezcla plácida, acogedora, mientras me saco los guantes y soplo los dedos ateridos. Pido un croissant caliente con un café, tomo aliento. Tormenta de sensaciones, el olor del croissant, el café caliente, las manos entumecidas, los pies fríos. 

Pavía es una ciudad de calles de piedra de caliza, blancas y brillantes, de muros que escurren agua. Un puente monumental sobre el río que extraña a ciclistas y peatones, solo coches. Soportales vacíos, y librerías decadentes. Mientras cruzo la ciudad me imagino los tercios españoles hambrientos atrincheraos en estas murallas en 1532. El 24 de octubre salieron aún de noche desesperados contra el enemigo, "el pan lo tenían los franceses", les pillaron desprevenidos y vencieron. El rey de Francia, Francisco I fue hecho prisionero y llevado a Madrid, estuvo prisionero en el antiguo ayuntamiento. Faltan dos días para la fecha y han pasado casi quinientos años. Es historia. 

Crónicas de 3.000 arcabuceros y una bicicleta en un día de lluvia, los arcabuceros ya son historia, la bici ha dejado su rodada en un charco con algo de barro.


miércoles, 18 de octubre de 2023

Día 29. Noveccento.

 

De “Casale Monferrato a Pavia

Hoy ha sido un día oscuro, nublado, triste, una atmósfera opresiva, rompía los sueños. Los mismos canales de ayer, y extensiones de cultivo infinitas. Tractores que iban y venían, sin ver ningún operario, sólo cuando pasas junto a la máquina saludas. Desde fuera se oye la música que llevan mientras pasan las vertederas. Naves automatizadas, repletas de máquinas a colores, un trasiego que te invita a mirar esta agricultura futurista, que tiene postes cada kilómetro para controlar la producción. Un sentimiento raro, de sentirme fuera de todo este proceso, de añorar otros tiempos. Parece que si se ha podido “poner puertas al campo”

Mientras tanto mi imaginación volaba a otro escenario, el de la película “Novecento”. Bertolucci nos presenta en el mismo ambiente opresivo sin luz y niebla a trabajadores del campo rotos, abatidos por la tierra y el cielo, conviviendo en grandes granjas en una estructura aún medieval. Los campos, los canales, las viejas mansiones ya abandonadas eran el escenario. Ha pasado un siglo, y si han cambiado las dinámicas. Ahora no hay gente en el campo, hay máquinas. Los pueblos están silenciosos (como me recuerda a Francia), las iglesias vacías, sin curas (he visto, visitado, fotografiado multitud de iglesias pero sigo sin ver uno) y los campos perfectamente labrados y preparados para la siembra. Y aquellos oligarcas que Bertolucci nos presentaba alardeando de su riqueza han desaparecido. Tampoco hay palacetes, ni casonas de lujo. Ahora deben ser otros que no necesitan palacios ni festejos, fondos y sociedades que se pierden en las nubes. Nubes tristes y oscuras como las de hoy.

Al final he comido junto a una furgoneta de comida rápida, frente a la refinaría de Sannazzaro. Trabajadores con mono azul y negro, cada uno con el anagrama de su empresa o contrata compartiendo trozos de pizza recalentados y cervezas frías. Del café mejor no hablar. Si que reían y hablaban a voces entre ellos en un ambiente de camaradería y humo de cigarros. Quizás haya que fumar para salir fuera del recinto y poder reír y hablar a gritos. Queremos todo tan impecable y “adecuado” que se nos está yendo el alma. Hay que atarla con café agrio y cigarrillos de liar.

Pavia tiene las calles mojadas, empedradas. Su hermoso puente cubierto es para el tráfico, no se puede pasear. La bici se siente extraña, no nos podemos parar. Sólo se puede contemplar desde fuera. Paseo por la noche, embozado en el plumas por las aceras mojadas, Una ciudad fantasma en la bruma de la noche. Ventanas abiertas con ruido de cena, y voces de familia. Es extraño este viajar largo en que los días se van perdiendo, y los próximos quedan lejos. Sensaciones de tiempo escurridizo, no querer mirar al futuro para que no llegue, sólo el viaje, el próximo día, la próxima parada. Madrid queda muy lejos.






martes, 17 de octubre de 2023

Día 28. Entre torrentes y Canales.


 

De Turin a “Casale Monferrato”

Si levantas el zoom cuando estás en el mapa de este valle te encuentras un sinfín de ríos que lo cruzan de norte a sur, desde los Alpes al río Po. Torrentes fuertes, caudalosos, que bajan bramando, con aguas grises y azuladas de las montañas, que conservan el frío de los glaciares. En cambio hay otros cauces tranquilos, reposados, que parecen que no se mueven, donde puedes ver nutrias, y ratas de agua, de piel mojada y colas largas. 

Es una cuadrícula de trazos gruesos y finos que abarca todo el valle. Recorrerlo es cruzar puentes, más grandes y pequeños; algunos de hierro, con balaustradas adornadas; muchos de ladrillo, con arcos grandes y pequeños. Algunos son sólo unos tablones, otros grandes y fuertes para soportar cosechadoras y camiones. En algunos canales hay patos, en muchos garcetas y cigüeñas, a las nutrias las ves corretear por los campos. Los que están por todos los cruces son los cuervos. Aquí son grises. 

Los pescadores no están ni en los canales ni en los torrentes. Sino en pequeños lagos con bar y restaurante. Lagos vallados como una propiedad, con un anuncio en la entrada que promete grandes capturas. Cada lago tiene su especialidad: truchas, barbos, Lucios, black bass….y siempre hay señores rodeados de cañas y artilugios pescando con mirada concentrada y gesto expectante. Me resulta extraño: ellos quietos, yo en movimiento, qué dos maneras tan diferentes de ver el mundo.

Cuando estas tierras sentían amenazadas sus riquezas construían fuertes. Ahí la ciudad donde hemos parado hoy. Un fuerte en mitad del valle. Pero ya vacío , sin uso y sin futuro. Cuando recorres estos pueblos empedrados de historia frente a edificios solitarios, tu solo jugando en los recovecos de sus calles sientes que el tiempo ya ha pasado, tu tiempo también con las pedalearas perdidas. Eres como uno de esos pescadores mirando la lámina de agua, la línea del tiempo.

miércoles, 11 de octubre de 2023

Día 27. Llegar al valle del Po.


De Roccavignale a Turin.

 La tercera parte de este viaje es recorrer este valle, primero fueron los 900 kilómetros desde Madrid a Rosas, después la costa mediterránea de Pirineos a los Alpes, la tercera parte del viaje es seguir este enorme valle de más de 600 kilómetros.

La bajada de los Alpes después de subir por Roccavignale no es muy espectacular…tienes la sensación de subir a una meseta…el cuerpo después del puerto te pide velocidad, giros rápidos, frenadas apuradas….pero aquí nada de nada, bajas unas cuestecillas y te encuentras en un altiplano de  cultivos de cereales, de pueblos con grandes naves….que ya han llegado a ocultarles. La llegada desde los Alpes por esta sp661 no es muy recomendable. Casas perdidas entre talleres y depósitos…y al fondo el rugir omnipresente de la autopista.

Entre pueblos y pueblos polígonos industriales me encuentro junto a una nave antigua, algo desvencijada a Daniel. Un hombre entrado en años,quizás no muchos, es difícil saberlo, dentro de un mono azul, deshilachado y con marcas de óxido. La cara y las manos manchadas, encallecidas, abiertas por el trabajo. 

Está colocando o seleccionando trozos de acero de lo más dispar: tubos, láminas, restos de trabajo sin terminar. Está concentrado, casi absorto en lo que hace, me quedo parado contemplándole y da un pequeño respingo, asustando, cuando es consciente de mi presencia. 

- Tengo que hacer un tirador, y no sé cuál escoger. De este de aquí que fue una bisagra de la puerta del ayuntamiento, o de este otro que estuvo en una verja de un corral de gallinas

Miro extrañado porque no entiendo muy bien el problema.

- Todos estos hierros llevan en el pueblo siglos, siempre han estado con nosotros. Y cada uno ha tenido muchas funciones. Los herreros somos los responsables de transformarlos, pero no olvidamos donde estuvieron. Un buen herrero no sólo debe tener fuerza en los brazos, también memoria.  

Mi abuelo era capaz a de recordar hasta cinco generaciones de uso, su padre y el padre de su padre se lo habían contado. Cuando eres herrero tienes que ir recordando aquellos usos antiguos, y repasándolos cuando vas por el pueblo, así no olvidas.Mi padre me contaba, yo aprendía. Pero mi hijos no quieren recordar…, por lo que la historia de todos los útiles de Dogliani se perderán, nadie sabrá su historia. Nadie sabrá que los clavos de la “santa cruze” fueron las bisagras de la gran puerta del antiguo ayuntamiento. O que los bancos que hay en el parque se hicieron con los restos del último carro que traía viajeros de Turin. Y de tantos y tantos clavos, mesas, portones que fueron transformados por mi familia. 

Ahora es diferente, a nadie le interesa las historias de nuestros hierros. Y así, sin historia se perderán todos…y también el pueblo entero.

Daniel, entró en un estado de trance del que no quise sacarle. “Las cosas ya no tienen historia ni vida se pierden”. Pensé en mi bicicleta ¿dónde estuvo antes? ¿Qué fue de ella? ¿Qué será de ella? ¿En qué me gustaría transformarla? Daniel me decía que los antiguos dueños no pueden decidir el nuevo uso. Sólo lo pones en manos del herrero y él decide. “No poseemos las cosas, las tomamos prestadas”. Tenemos el privilegio que entren en nuestras vidas, pero hay que dejarlas marchar.

Daniel es de otra época, ahora es la de usar y tirar, “vienen a nosotros sin avisar, y se van sin decir adiós”. Y lo que nos rodea si es importante para nosotros. Lo que nos rodea lo vamos haciendo nuestro poco a poco.

lunes, 9 de octubre de 2023

Día 26. Superar los Alpes.

 

Desde Savona a Roccavignale.

Era la etapa más importante, a la que la tenia más respeto. ¿Por donde subir? ¿Qué ruta tomar? Todo eran dudas…al final, tomando más la decisión por mis piernas y rodillas, ya empiezan a flaquear y en las subidas a veces crujen, tomé la ruta más sencilla, la que menos ascensión.

En lugar de abordar la subida desde Niza, como proponía Eurovelo, me fuí hasta Savona, alargando la ruta mediterránea. Me permite una ruta más fácil de acceso al valle del Po. Decidí tomar esta, no es especialmente la más atractiva especialmente porque no vas por un valle prístino, sino que vas acompañando a la autopista que serpentea valle arriba. Y ambas, la autopista y esta carretera se van entrecruzando continuamente.

Es una mezcla curiosa: el ruido, el hormigón de los puentes, los desperdicios que invaden el perímetro; y las praderas verdes, luminosas, los robles amarilleando por el otoño, los cencerros cantarines, los balcones repletos de flores. Lo bello y lo feo se mezclan, se van entrelazándose en la subida. Quizás lo bello sea más junto a la molicie. Aquel roble de tonos amarillos brillantes lucía luminoso junto al pilar de la autopista. O la oropéndola que cantaba era más genuina junto a los bramidos de los camiones. Los animales y el paisaje se hacen, aprenden a convivir. Silenciosos, ocultos estaban ahí. Y lo de siempre, lo que tantas veces he comentado ya, ir en bici te deja acercarte al canto de los pájaros, al susurro de las ramas, te hace formar parte del paisaje.

La cima, el collado, no era nada espectacular, especialmente porque una densa niebla invadió todo. Solo un gran corazón rojo que surgía en la bruma, y un enorme banco que enpequeñecía al que se sentaba. Lástima, pero la humedad y un viento a ráfagas me dió razones para comenzar a descender.

Gran parte de la subida la hice con un local que llevaba una bicicleta muy vieja y oxidada. Calzaba unas botas de agua que duplicaban su talla, en el transportín llevaba una azuela encorvada. De rostro aceitunado, con la barba de días y con un chubasquero roto subía de forma segura y acompasada, con un pequeño crujir en las bielas que le daba un toque más precario. 

Nos acompañamos en el recorrido, en silencio. Nadie dijo una palabra. Aquellos tres kilómetros de cuesta, de curvas escondidas, bajo robles centenarios dieron otro toque a la subida. Las bicicletas, la ropa, los motivos que hacían que estuviéramos pedaleando eran antagónicos, pero ahí estábamos: apretando los dientes, forzando los gemelos, resollando juntos. ¿Qué pensaría de mi? ¿Qué pienso de él? 

40. Extrañas compañías.

San Salvo—Apricena Pasando por Termoli. Termoli: una fortaleza en medio de la costa. Hasta ahora todas las ciudades y pueblos iban entrelaza...