Pesara - San Salvo
Circular en temporada baja tiene sus ventajas. A pesar de que encontrar un sitio donde tomar un café o comer, a veces, se hace desesperante porque no encuentras nada abierto, siempre aparece la sorpresa que normalmente tiene que ver con restaurantes locales, con clientela del lugar. Es lo que tiene viajar en temporada vacía. Siempre hay sitio, y eliges mesa, “no problema”
Esporádicamente aparece esa pizzería abierta, o una pastelería-panadería. Son los que pretenden sobrevivir en invierno, los que se aferran a la clientela local. Muchas familias, los padres están en la cocina y son los hijos los que atienden. No son restaurantes con pretensiones, guardan ese sabor antiguo, descuidado, de estar por casa.
Entre las mesas del comedor, a veces, hay una atiborrada de papeles, desordenada, incluso con un ordenador y la bacaladera (perdón hoy son TPV). La mesa con montoncitos de papeles…facturas, pedidos. El centro de gestión y planificación. Allí suman con lápiz y llevadas, pasas la tarjeta y siempre, en Italia es siempre, te dan el justificante y la factura. Si hay una de estas mesas la comida será un éxito…y también la cuenta. Suelo comer un plato y café por 12€. Intento que sean guisotes con carne y verdura, y siempre acompañados con pasta, infinitos tipos de pasta, o los mismos pero con sabores diferentes.
El sabor de la familia, de la conversación, de los que preguntan de dónde vienes y a dónde vas. De los que al final se sientan en tu mesa y compartes la copa de vino. De la explicación sobre los ingredientes del guiso, de cómo lo han preparado, de los tomates y el cilantro que acompañan a la ensalada. Todo se vuelve cotidiano, y entras en esa espiral familiar que se cierra con el licor que hace de despedida y un “hasta pronto”.
