Cuando venimos de tierras secas y agostadas, sorprende encontrarse campos repletos de legumbres, campos y campos de alcachofas, de lechugas perfectamente alineadas, de árboles podados y protegidos con esmero. EL personaje del día ha sido el manzano, hemos visto cientos. HIileras e hileras, y muchos repletos de fruta, verdes, rojas, amarillentas.
Y también enormes naves y fábricas donde se procesaba. Olor a compota, a mermelada, a comida de bebé.
Los días van pasando, y con el tiempo perdido en las lluvias, hemos intentado avanzar, y hemos forzado hasta Cervera. No esperábamos encontrarnos con esa calle mayor repleta de escudos y pasadizos, con los bustos del ayuntamiento, el edificio de la universidad. Lo bueno de ser un iletrado es que como desconoces tanto siempre te sorprendes. Seguro que habré leído más de una vez donde se casaron los reyes católicos, o como estos segarreses apoyaron al borbon en contra el resto de Cataluña.
Pero, esto de viajar, no guarda sólo sorpresas monumentales, sino también diminutas, las importantes. Esta noche dormimos en un Albergue (estamos haciendo el camino De Santiago al revés que lo hacen los que salen de Barcelona).
El Albergue, un palacio adusto y robusto del XVII, pasó de hidalgos sin descendencia a monjitas que lo hicieron escuela de señoritas. Ahora ya en desuso, lo gestiona una ong que lo ofrece a gente sin techo, inmigrantes recién llegados.
Cuando llegamos Samid estaba fumando en la puerta con otros subsaharianos.
Nos ofreció alojamiento, y por supuesto donde guardar y dejar las bicis. Y ante mi insistencia nos enseñó el edificio, que me pareció abrumador, se nota que uno estuvo en el seminario de Sigüenza. Samid pacientemente nos fue enseñando todo el mausoleo de techos altos y suelos en pendiente. Respondió a todas mis preguntas, me resultaba sorprendente que este marroquí supiera tanto de la historia de España. Lo más precioso, la biblioteca según Samid, que yo le insistí para poderla ver, estaba montada con palés, y tenía sólo libros donados. Esperaba una gran recinto lleno de incunables. Samid los había ordenado personalmente y etiquetado….me enseñó su bien más preciado. Me arrepentí de mi insistencia, el era consciente de lo que tenía.
Después de cenar en una cocina sin platos y vasos, utilizamos los nuestros, al salir a Cervera a dar una vuelta oímos música sufí de un cantautor Iraní! La mezcla era explosiva: música sufí en un palacete convento del siglo XVIII.
Samid mientras leía a Zweig, “El mundo de ayer” (un tocho de más de 500 páginas) estaba oyendo con el altavoz del móvil una música mística, profunda…sobrecogedora en el entorno del Hall del palacio frente a una basta escalera construida con escalones de una sola pieza, desgastada y pulida por el tiempo.
Hablamos y hablamos sobre el sufismo, su música. De Averroes y Aristoteles. Samid es doctor en Filosofía con una tesis sobre la mística de Averroes, y su origen en Aristoteles. Flipé!!! Lo siento, pero tengo que decirlo: me emocione. Aún hoy al escribirlo me sucede.
Hablamos de libros, compartimos citas, me sugirió lecturas. A la vuelta le enviaré todos mis libros de Zweig, ese se lo había comprado con sus escasos ingresos. Intentaré completar su biblioteca con el rincón que más desea y del que carece por completo: libros de filosofía.