Hoy todo el día costeando Liguria. Nada que ver lo que decía estos días de Francia. No va de tópicos, casi quinientos kilómetros en la costa francesa, y muy poquitos por ahora en Italia.
Pero esto es otro mundo. Adiós al silencio, a los saludos contenidos, a la perfección de las vías ciclistas, aquí ciclovias. Antes era difícil encontrar un sitio para tomar un café, para tomar descansar, ahora es todo lo contrario, donde mires hay una pequeña tasca, una pizzería, otro restaurante. Ya no son esos pueblos impolutos pero desiertos, donde era difícil encontrar alguien para que te diera agua, ahora hay gente por todas partes. Y curiosamente a las horas que me muevo, que es por la mañana o a primera hora de la tarde, especialmente gente mayor.
Grupos de señoras, abuelas, que a las 9 la mañana se las ve riendo tomando un café, o abuelos que pasean y charlan en grupo. Muchos abuelos con niños pequeños por las calles, intentándoles seguir el paso. Es muy agradable pasear con la bici por las estrechas pero largas calles de todos los pueblos que están junto al mar. Es una vuelta a mi España de los ochenta. Cafeterías, fruterías, carnicerías abiertas, con público. Con depensientes que saludan con el nombre del cliente, y tienen una pequeña charla antes de atender. Se me había olvidado.
Y otra cosa aún más llamativa: la calle huele: a pan recién horneado, a café recién molido , a frutería (¿os acordáis cómo olían? Es como si trajeran el honor del huerto….ahora para oler un tomate hay que llevárselo a la nariz). Y a la hora de comer, en el paseo, huele a sopa de pescado, pero de la rica, de la de caldero sabroso.
Hoy ha sido el festival de los olores, de la gente en las calles, de los círculos de amigos charlando. Por eso he ido muy despacio…más que pedalear pasear. Y me he apartado del carril bici…me alejaba de la gente. Todos los pueblos de la costa están trazados entorno a una calle estrecha, casi lúgubre, pero llena de vida, de risas, de gente…
Durante todo el recorrido ha estado muy presente, en la falda de las montañas que anuncian los Alpes, una enorme autopista llena de acueductos elevados. Repleta de coches y camiones, Abierta al cielo, casi aérea, rápida, bien trazada…la antítesis de “la estrecha y llena de gente”.
Hoy en el camping hay parejas jóvenes con niños, muchos alemanes, cargados de bicicletas. Junto a mi tienda hay otra de jubilados austriacos que mientras cenaban en la mesa de campaña, junto a una botella de vino, han estado mucho tiempo en silencio mirándose. Ahora, ya en la tienda, charlan y ríen….en austriaco.