Pesaro-Ancona
Pesaro es una ciudad de casas pequeñas ajardinadas, coquetas, sencillas
, con un centro en una gran plaza cuadrada, y la casa donde nació Rossini. Un teatro, sala de conciertos, conjuntos escultóricos que recuerdan al compositor. En cambio Ancona es fuerte, poderosa. El perfil de lejos de la ciudad son los ferrys dibujados en el entorno de su castillo, su catedral. Todo es grande, poderoso, monumental. La avenida Garibaldi que sube desde el puerto a la plaza central es magnífica, como las grandes capitales europeas. Las ciudades están esculpidas por la fuerza de sus ciudadanos. Ancona es magnifica, Pesaro acogedor.
Los chiringuitos han ido desapareciendo y se ha abierto la orilla, el sonido de las olas, la brisa. El Adriático es un mar pacifico, plano, lineal. Tendrá sus días, pero en estos es una línea en el horizonte. La orilla ha traído a sus paseantes, a viejecitos tomando el sol, a ritmos tranquilos, amigables. Parece que el intento de urbanizar y civilizar nos aleja de la vida.
Pero también contradictorias. Las ciudades, sus centros, donde bullimos, estamos, vivimos. Urbanizada, civilizada. La playa donde sentimos, paseamos, nos bañamos, huye de la civilización. Hacia afuera, Con los otros nos civilizamos. Hacia dentro, solos, contemplamos. La. Ciudad hacia el mar, hacia el comercio: magnífica. La ciudad hacia dentro, hacia la música: acogedora.
Espacios amigables donde es posible el encuentro y la conversación distendida. El arado y la espada son para los jóvenes, las canas piden tapias soleadas donde ver crecer el huerto en el susurro de vientos propicios. Contemplar lo que nos acontece dentro del cuerpo que comenzará a languidecer y fuera para retener los últimos paisajes.