Ancona-Pedasso
Las salidas de las grandes ciudades siempre son complicadas. Arcona no ha sido una excepción. Cruces, semáforos, indicaciones mal interpretadas, vueltas a tras, desasosiego, inseguridad, tensión. Al final sales. Ves el horizonte limpio otra vez, el campo sin bloques de cemento sucios. Ya vuelve a ser todo posible.
La ruta nos lleva hacia el interior, unas montañas y acantilados me impiden ir junto a la costa. suaves colinas miran al mar. Si estos días el camino era plano ahora subo y bajo en un jardín de líneas y ángulos que se entremezclan, rectas de olivos que se confunden con las viñas altas y emparradas. Junto al mar hay campos de cereal ya labrados, las líneas de los surcos, de una tierra oscura, se confunden con las olas del mar turquesa.
Camino al sur, descendiendo el Adriático se van acortando los días….y empiezo a ser consciente de que mi camino llega a Atenas. Ya no parece tan lejano…se pueden contar los días que faltan. Hasta ahora no había sido muy consciente. El día a día del viaje ha llenado todo, desde el alba hasta la noche. Un devenir pausado, sereno que me ha apartado de lo cotidiano construido en estos años. En el pedalear diario todo lo anterior se ha difuminado, se pierde.
Y justo cuando eres consciente del final, aparece el pasado, engranajes desconocidos lo buscan para darlo continuidad, enlazar. El problema surge cuando el objetivo era romper la cotidianidad, romper con aquellos odres viejos, ya cansados y desgastados y volver con odres nuevos, vacíos, sin marcas, limpios,nuevos.