sábado, 28 de octubre de 2023

Día 38. El paseo ideal.

















Pedaso-Pescara



¿Y si todo fuese un carril perfecto,  con un firme esplendido, bien indicado, ajardinado, junto a un mar esmeralda, limpio,  con las olas acariciando la orilla y solos, sin que nadie rompa esa magia?


Ese carril bici existe, y está en este tramo, y también en la siguiente jornada. Pedaleas junto al mar en llano, rodeado de árboles y jardines, con casas de principio de siglo, arregladas, recién pintadas, con otros ciclistas y familias que aparecen esporádicamente.  


Si en un principio te reconforta…poco a poco te satura. Rehuimos de lo predecible, de lo ya supuesto y asumido. Necesitamos, lo nuevo, lo impredecible. Nuevas experiencias, diferentes. Lo perfecto se hace monótono y en un viaje buscas lo desconocido,  enfrentarte a nuevas situaciones, buscar soluciones, improvisar.


Este recorrido es perfecto para “familia con niños”. Resulta demasiado fácil. Demasiado bucólico. La dificultad en mi caso sean los 2.500 kilómetros que llevo y el cansancio que se empieza a notar. Tampoco tiene sentido aumentar la velocidad o los tramos recorridos, al día hago sobre 80 km. Aún no me he roto.


El ritmo es lento, sin prisas, intento disfrutar, vivirlo como un privilegio: la fortuna me está cuidando, no me han aparecido lesiones y el tiempo está siendo magnífico. Pedalear sintiéndote privilegiado, y consciente de esta situación te lleva a un lugar diferente, porque a tu alrededor no todos tienen la misma suerte. Consciente, miras más allá, en los invisibles: el gesto de crispación, hartazgo, tristeza,…la dificultad física. Descubrir la herida en el otro. De los que ese destino coloca en tu mirada y que están lejos de ti y del camino, su vida los lleva lejos de estos plácidos paseos. 


Otra de las ventajas de la bici “sin prisas” es que pareces acompañar a muchos. Los otros que ves durante más de un minuto. No es el ritmo del coche que hace invisible lo que está más allá del salpicadero, ni del que camina que hace compañeros durante tramos largos. 


Acompañas al abuelo y al nieto, sientes los gestos y su atención. A la señora que discute desairada, los movimientos de las manos, las Interlocuciones que comparte. Las pealadas acompasadas de grupos que hablan y ríen. El gesto ceñudo del competidor, pendiente de sus pulsaciones y mantener el ritmo programado. Las giros inesperados de niños que atienden a todo lo que aparece. El paso lento y constante del viejo que contempla el horizonte, y siente el arrullo del sol. 




40. Extrañas compañías.

San Salvo—Apricena Pasando por Termoli. Termoli: una fortaleza en medio de la costa. Hasta ahora todas las ciudades y pueblos iban entrelaza...