Cuando dejo la bici empieza el momento de “preparar el campamento”; montar la tienda, preparar un té en el infernillo, ducharme, darle una vuelta a la bici. Cocinar la cena.
Algo que se va haciendo cotidiano, aprendido, sabido. Hay que preparar la noche.
La cama no está montada, ni la cocina organizada.
Durante cuantos siglos de la historia de la humanidad cualquier viajero ha tenido que repetir estos ritos. Cuando los viajes se hacían de otra manera. Buscar leña, prepara el fuego, cocinar, atender a los animales, preparar la noche.
Cuando ya está todo organizado aparece el momento mágico, el de contemplar el fuego o mirar las estrellas. Estas noches, aunque con luna hay muchísimas estrellas. Miro las estrellas, y aunque ellas son las mismas las miro debajo de robles, fresnos, en una pradera….y siempre son diferentes.
Cuantos viajeros habrán cogido con las dos maños ese bol caliente y a sorbos habrán alzado los ojos al infinito.