Para cualquier humano avezado, una cuesta es una cuesta, normalmente para arriba, y cuando bajas bajas.
Pero la realidad no es lo que es, y cuando llevamos unas horas con un sillín entre las posaderas las categorías pueden palidecer. ¿Cuál es la cuesta más cuesta? (Claro, la que cuesta), ¿y la bajada? ¿Cuál es la más pendenciera? (Porque en esto de las bajadas lo pronunciado se evalúa por los posibles daños que se puedan producir)
Y en medio de estos extremos tenemos “los falsos llanos” y las bajadas que no bajas, que hay que seguir dando pedales. Una sensación extraña cuando esperas ir tomando velocidad, pero cuesta dar pedales. Pruebas los frenos por si están bloqueados, agudizas el oído a la cadena…y todo parece estar bien, pero no bajas. De reojo mirando el GPS que marca 2% de subida, increíble. ¿Pero aquel árbol no está más bajo? La explicación debe estar que el sillín entre las posaderas revuelve los otolitos del oído interno.
Por una antigua vía de tren, me habían dicho que estas eran siempre muy cómodas porque los trenes no subían pendiente de más del 3%, pero los trenes de estas montañas debían ser “de cremallera” como los alpinos.
Ddesde Drauguignan hasta Pegoman, casi en Cannes, ha tenido ese subir de toboganes acuáticos, cuando te vas deslizando por la corriente y sólo te dejas llevar por la inercia del tubo. Aquí no había tubos sino un recorrido que subía y bajaba rompiendo todas las expectativas que ibas acumulando, imprevisible. Cuando “esperabas”, la ruta te lo cambiaba. Sólo al final, en última bajada hacia el camping, se ha cumplido…pero lo empinada y rota de la bajada no me ha dejado disfrutar. Por fin el mar. Rozando la hora de cierre.
Un camping al fondo de un valle, junto a un río. ¡Con un plan de evacuación ante riadas! Las riadas no sé, pero la humedad te servía como duchado.