miércoles, 18 de octubre de 2023

Día 29. Noveccento.

 

De “Casale Monferrato a Pavia

Hoy ha sido un día oscuro, nublado, triste, una atmósfera opresiva, rompía los sueños. Los mismos canales de ayer, y extensiones de cultivo infinitas. Tractores que iban y venían, sin ver ningún operario, sólo cuando pasas junto a la máquina saludas. Desde fuera se oye la música que llevan mientras pasan las vertederas. Naves automatizadas, repletas de máquinas a colores, un trasiego que te invita a mirar esta agricultura futurista, que tiene postes cada kilómetro para controlar la producción. Un sentimiento raro, de sentirme fuera de todo este proceso, de añorar otros tiempos. Parece que si se ha podido “poner puertas al campo”

Mientras tanto mi imaginación volaba a otro escenario, el de la película “Novecento”. Bertolucci nos presenta en el mismo ambiente opresivo sin luz y niebla a trabajadores del campo rotos, abatidos por la tierra y el cielo, conviviendo en grandes granjas en una estructura aún medieval. Los campos, los canales, las viejas mansiones ya abandonadas eran el escenario. Ha pasado un siglo, y si han cambiado las dinámicas. Ahora no hay gente en el campo, hay máquinas. Los pueblos están silenciosos (como me recuerda a Francia), las iglesias vacías, sin curas (he visto, visitado, fotografiado multitud de iglesias pero sigo sin ver uno) y los campos perfectamente labrados y preparados para la siembra. Y aquellos oligarcas que Bertolucci nos presentaba alardeando de su riqueza han desaparecido. Tampoco hay palacetes, ni casonas de lujo. Ahora deben ser otros que no necesitan palacios ni festejos, fondos y sociedades que se pierden en las nubes. Nubes tristes y oscuras como las de hoy.

Al final he comido junto a una furgoneta de comida rápida, frente a la refinaría de Sannazzaro. Trabajadores con mono azul y negro, cada uno con el anagrama de su empresa o contrata compartiendo trozos de pizza recalentados y cervezas frías. Del café mejor no hablar. Si que reían y hablaban a voces entre ellos en un ambiente de camaradería y humo de cigarros. Quizás haya que fumar para salir fuera del recinto y poder reír y hablar a gritos. Queremos todo tan impecable y “adecuado” que se nos está yendo el alma. Hay que atarla con café agrio y cigarrillos de liar.

Pavia tiene las calles mojadas, empedradas. Su hermoso puente cubierto es para el tráfico, no se puede pasear. La bici se siente extraña, no nos podemos parar. Sólo se puede contemplar desde fuera. Paseo por la noche, embozado en el plumas por las aceras mojadas, Una ciudad fantasma en la bruma de la noche. Ventanas abiertas con ruido de cena, y voces de familia. Es extraño este viajar largo en que los días se van perdiendo, y los próximos quedan lejos. Sensaciones de tiempo escurridizo, no querer mirar al futuro para que no llegue, sólo el viaje, el próximo día, la próxima parada. Madrid queda muy lejos.






40. Extrañas compañías.

San Salvo—Apricena Pasando por Termoli. Termoli: una fortaleza en medio de la costa. Hasta ahora todas las ciudades y pueblos iban entrelaza...