Ferrara-Ravena.
Día curioso por el paisaje, por las casa que he ido “visitando”. Si, visitando, porque cuando hay muchas casas unifamiliares, o chalets por el recorrido, te vas fijando continuamente cómo tienen el jardín, si están mantenidas o no, qué árboles tiene plantados. El ritmo de la bici te permite ir contemplando por donde vas pasando, y en una zona de casitas dispersas como hoy es inevitable.
Cuando hicimos el Rin con la familia, una de mis hijas decía que pasar por los pueblos era como hojear una revista de decoración. Por Alemania, las ventanas no tienen cortinas y desde fuera se ve toda la casa. Aquí en Italia es diferente, las casas están cerradas a cal y canto, todas las ventanas aunque adivines que hay personas dentro, están cerradas. Incluso en las ciudades en lugar de utilizar toldos para el sol, utilizan unos cortinones en el balcón que oscurece y tapan.
Otro escenario son los jardines frente a las casas. Antes de llegar a Mantua, en la parte superior del valle del Po, estaban descuidados, desordenados, como si no importara mucho, simplemente se utilizaban para aparcar el coche. Este último tramo se nota que están organizados con cariño, con dedicación. Pero en ninguna parte he visto alguien en el jardín, quizás por eso, no hay setos, ni tapias ni parapetos que los oculten. Después de 500 kilómetros recorridos por pueblecitos, carreteras secundarias, llenas de chalets, no he visto nadie en el jardín, y eso que he pasado todos los días de la semana. Tampoco sábados y domingos.
Parece que viven para dentro, cerrados en sus casas. Incluso los festivos. Sábados y domingos me he visto comiendo sólo en la plaza del pueblo, con el camarero pesaroso por no poder marchar. Un festivo al mediodía el pueblo como un desierto. La única hora que encuentro gente en tiendas y plazas son los días de labor de 9 a 12 en ciudades o pueblos grandes, que es lo que veía los primeros días al pasar de Francia.
Por Francia las nuevas casas que se hacen tienen enormes ventanales al jardín, especialmente en los pueblos, por el valle del Po no. Mantienen la misma estructura y espacios que las antiguas. Ventanas pequeñas y celosías cerradas. En cada pueblo francés un centro de bricolaje y jardinería. Aquí apenas he visto.
Cuando comento esto con los italianos me dicen que son muy familiares, apenas salen. Para un viajero español que no pasa por lugares turísticos es algo que te rompe los esquemas. Qué diferente de nuestra España!